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12 febrero, 2009

Una noche de emergencia


El frío de Quito no fue el impedimento para que Luis Panamá, conductor de la Cruz Roja; Edwin Dávila y Diego Valencia, paramédicos de la misma Institución, cumplan con el turno de 12 horas del pasado 16 de enero, que se inició a partir de las 19:00.

Empezando la noche
Luis y Edwin fueron los primeros en llegar y alistar la que sería su cama en esa noche de trabajo, las camas de hierro que con el pasar de los años se oxidan fueron cubiertas con delgadas mantas de lana que los abrigaban hasta recibir la primera llamada de emergencia de la central de la Cruz Roja.
Una vez preparados con sus equipos, a las 20:15, dieron el primer dato a la central informando que irían a llenar de combustible la ambulancia, en medio de la lluvia que cubrió la capital, después de cumplir su primera labor, se dirigieron a buscar a su tercer compañero: Diego, que se encontraba cerca de un local de comida rápida en el norte de la ciudad, así que decidieron matar dos pájaros de un tiro, al comprar la cena de aquella noche.
Con fundas llenas de comida se dispusieron a volver a la central cuando luego de 5 minutos de camino recibieron la alerta de un accidente de tránsito en la calle Necochea, al sur de Quito, y al confirmar la presencia de un herido, Diego encendió la sirena, que ayudó a despejar las calles que los llevarían hasta la víctima.
Al llegar, familiares y curiosos que se encontraban cerca del herido agitaban sus brazos para llamar su atención, Diego y Edwin, bajándose de la ambulancia que seguía en movimiento, corrieron para revisar a la víctima de 42 años, que presentó un rasgamiento en su córnea e iris además de un traumatismo es su cráneo.
En medio de los gritos de la esposa del herido, Diego condujo la camilla hasta la ambulancia para llevar al accidentado hacia el hospital más cercano.
El olor a papas fritas y a sablón, sustancia utilizada para desinfectar, se mezclaba en el interior de la ambulancia que a gran velocidad esquivaba automóviles para llegar al Hospital Villaflora, cuando a las 21:47, el despiste de un conductor provocó el choque de la ambulancia con el pequeño auto, sin dudarlo, Luis continuó con la travesía hasta llegar al Hospital.

Entre falsas alarmas
El reloj marcó las 23:47. Sin quitarse los zapatos y overoles, los tres paramédicos decidieron descansar mientras comían las papas ambientadas al frío de Quito. Discutiendo de los informes que debían realizar el lunes de a poco se cerraban sus ojos.
Una hora después, entre ronquidos, Diego escuchó a lo lejos la radio que daba el aviso de un volcamiento en el sector de El Trébol, despertando a sus compañeros, corrieron hasta la ambulancia.
Como si estuviesen en una Montaña Rusa, el estómago de Edwin se movía con mariposas cada vez que Luis aceleraba al bajar un puente a desnivel, al llegar al lugar del accidente, no encontraron más que un automóvil volcado en la cuneta sin su conductor que se había dado a la fuga minutos antes.
Al intentar comunicarse con la central recibieron otra alarma de volcamiento en la Autopista General Rumiñahui, cuando llegaron se encontraron con el mismo caso anterior.

“Diego queremos dormir”
A Diego lo conocen como el pecador, por el conocido dicho: Pagan justos por pecadores. “Siempre que trabaja Diego se viene la ciudad abajo no se por qué le deje subir en mi turno a la ambulancia”, dijo Edwin en medio de bostezos y risas que amenizaba su regreso a la Institución.
“Bonita noche, falta una llamada y ya” comentó Diego al acomodarse en su cama. A las 02:28 la radio se volvió a escuchar esta vez fue el atropellamiento de un joven en la avenida Orellana y Amazonas, la sirena de la ambulancia parecía no incomodar a sus pasajeros por la costumbre de convivir con ella.
Una vez que llegaron hasta el joven atendieron la fractura de su pierna y confirmando que hospital tenía cabida, arrancaron.
Dejando a salvo al herido regresaron una vez más a la Cruz Roja a las 03:40, hora en la que Luis, Diego y Edwin cerraron sus ojos junto con la ciudad que también se dispuso a descansar.

El infierno es de color amarillo

La mañana de cielo celeste, fue la perfecta excusa para que Cristina Flores se vista con una de sus blusas favoritas para el sol, el mismo que inundaba la capital de la República a las 08:00.

Cristina es usuaria frecuente del transporte público, sobre todo del Metro bus que se dirige por el corredor central a ambos extremos de la ciudad, de la estación norte de la Ofelia hasta el centro-sur, en el Playón de la Marín.

“Todo parecía perfecto, en la parada de bus no había gente y yo fui la primera en la fila”, decía mientras buscaba un lugar seguro en el que no le empujen los demás pasajeros al entrar y al salir del Metro bus.

“El primer bus que vino estaba tan lleno que decidí esperar al siguiente, que se lo veía venir desde unas cuantas cuadras atrás”. Al llegar el medio de transporte tan anhelado, no sólo por Cristina, sino por otros pasajeros más, sus rostros se transformaron como si estuviesen observando una película de terror, el conformismo de saber que tal vez la siguiente unidad llegaría en las mismas condiciones, hizo que decidieran entrar.

Como en lata de sardinas, todos los pasajeros iban rectos y pegados muy cerca unos de otros, sólo se escuchaba las quejas al suplicar que no entren más, pero era imposible, Cristina estaba sobre tiempo para llegar a su lugar de trabajo en el centro histórico.

El bus largo que en horas pico alberga una centena de pasajeros, viajaba por el corredor central, como el carro que divierte a los niños en los fines de semana, llamado el gusanito, que se menea sin cesar en cada curva.

Estas unidades de transporte, corresponden a empresas independientes como Mitad del Mundo, Compañía Pichincha, Tesur, entre otros. Los mismos que prestan este servicio en el corredor central Metro Q, que tienen integración con la Ecovía y el Trolebus, transporte propio del Municipio de Quito.

Por el micrófono se comunicaba el chofer, Jaime Ródas, recordando a los usuarios que cuiden sus pertenencias y que anticipen sus paradas para poder salir de la unidad transporte. Las personas de tercera edad que ingresaban eran uno más del grupo, ya que jóvenes al verlos desviaban sus miradas hacia la ventana o a sus celulares sin tener la mayor intención de ceder los puestos.

La luz del sol, enceguecedora para quienes estaban en el lado izquierdo del bus, hacía que se acreciente su desesperación al abrir las ventanas de par en par, “el infierno es de color amarillo”, dijo Cristina, que parecía estar incómoda con su blusa favorita, ya que apenas recibía una leve brisa hasta donde estaba sentada.

El tiempo estimado entre estaciones es de 30 minutos, lo cual lo convierte en uno de los medios de transporte más rápido y en uno de los que brindan el peor servicio en la corporación de transporte y vialidad del municipal. Cristina luego de haber arribado a la estación Seminario Mayor, a penas se pudo colocar en uno de los lugares especiales para uso de discapacitados, con el fin de no ser empujada y manoseada por quienes utilizan este servicio.

12 enero, 2009

“No se confía en las autoridades”

Hace tres meses, Marco Amores y su primo Antonio fueron víctimas de un asalto en el Sur de la capital. El junto con su primo decidieron no denunciar este hecho a las autoridades ya que piensan que es un trámite demoroso que se lo realiza en vano por la ineficacia de la Policía y la Justicia.
Este es una de las miles de historias que se escuchan día a día en el país este último año. Para esto Gustavo Larrea, ministro coordinador de la Seguridad Interna y Externa, dice que el Gobierno ha decidido crear una política de seguridad en la que los ciudadanos en conjunto con la Policía y las Fuerzas Armadas pueden trabajar en busca de la paz: denunciando los hechos, no comprando artículos de dudosa procedencia y protegiendo el interés común de bienestar, respectivamente.
En el 2008 se invirtieron 304 millones de dólares para que la Policía Nacional se provea de nuevo equipamiento como automóviles, motos, telecomunicaciones además de permanentes capacitaciones. “El nuevo equipamiento no es suficiente hay que aprender a trabajar con la ciudadanía para contrarrestar el crimen” dice, el Mayor de la Policía, Fausto Salinas quién también promueve el proyecto del Ministerio de Coordinación que consiste en la Red de Seguridad Ciudadana.
El pasado sábado 10 de enero se realizó en el ágora de la Casa de la Cultura la firma en el registro Oficial de la Red de Seguridad Ciudadana y la despedida , según Andrés Naranjo, portavoz de la Red, deben cumplir con estos objetivos en un plazo de dos años. Su principal propósito es capacitar a la familia como núcleo de la sociedad para así crear una conciencia de seguridad.
Este proyecto no satisface a la mayoría de ciudadanos, Amira Pérez, moradora del barrio la Floresta, cree que poner en práctica este tipo de proyectos beneficia solamente a ciertos sectores de la sociedad, “todos lo vecinos hemos acordado en contratar a una compañía privada de seguridad, porque no podemos esperar la voluntad de la Policía para que vigile nuestro barrio y de las capacitaciones que nos quieren impartir”.

19 diciembre, 2008

Historias, canciones y caramelos.

“Carlitos”, a sus 8 años de edad, trabaja vendiendo caramelos en la estación de buses norte del Trolebus. Con su pequeña mochila de color azul, que de a poco se va deshilando y con el cierre roto, lleva en su interior una funda de dulces con sabor a tamarindo, la meta de cada día es venderlos todos para así poder regresar temprano a casa.

Corriendo entre decenas de personas que a paso agitado se dirigen hacia los buses, que de polo a polo cruzan la capital, “Carlitos” se escabullía entre ellos hasta ingresar por la segunda de las tres puertas que se encuentran a lo largo del bus.

El chofer cerró las puertas, dio la bienvenida a sus pasajeros y al terminar de anunciar la primera parada, una voz aguda sale en medio de los usuarios que viajan parados, “damitas y caballeros disculpen la interrupción…” de esta manera, no sólo “Carlitos” sino que la mayoría de vendedores informales en la ciudad inician su parlamento para vender sus productos o para simplemente contar sus historias y con esto obtener la colaboración de los usuarios del medio de transporte público.

Una vez que la pequeña voz que se escuchaba en medio del pasillo captó la atención de todos, empezó a interpretar una de las canciones de Delfín Quishpe, la sonrisa, al oír la letra de la canción, se plasmó en cada uno de los pasajeros que a la vez buscaban en sus bolsillos monedas para comprar el par de caramelos a 15 centavos.
Después de 30 segundos de interpretación, “Carlitos” recorrió el pasillo para disponerse a ser escuchado en la parte posterior del bus hasta llegar a la siguiente parada, al terminar, agradeció y con su mirada alborotada pidió a uno de los pasajeros que le informe si el guardia se encontraba cerca, al confirmar que podía salir, el pequeño salió y se sentó a la espera de otra unidad para trabajar.

“Yo le ayudo a mi mami porque no le dan trabajo y ella se queda en la casa con mi hermanita que es bebé”, “Carlitos” es uno de los tantos niños que trabajan todos los días vendiendo caramelos, lustrando zapatos en la ciudad, a pesar de los programas del Gobierno, Prefectura y Municipio para erradicar el trabajo infantil.




12 diciembre, 2008

El Centro Histórico: ¿Lugar de gestas libertarias?

Desde sus inicios…

El casco histórico de Quito fue nombrado como primer Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO debido a la arquitectura de sus iglesias, las obras de arte que se encuentran desde la época de la Colonia y por la cultura que se encuentra plasmada en cada una de sus esquinas y habitantes.
La Plaza de la Independencia, también llamada la Plaza Grande, es un lugar que recoge todo lo mencionado anteriormente, además es conocida por ser el lugar dónde se realizan las “gestas libertarias”, ya que hasta la actualidad, los ecuatorianos se dirigen a esta Plaza para hacerse escuchar por el Mandatario de turno.

“Defendiendo a la granja, nadie se cansa”

La mañana y tarde del miércoles 10 de diciembre no fue la excepción para que miles de personas se congreguen en la Plaza de la Independencia para levantar su voz y así ser escuchados por el presidente Rafael Correa o por uno de sus representantes.
Como olas que se acerca a la orilla del mar, los estudiantes de la Universidad Técnica del Norte, de Ibarra, caminaban uniformados con camisetas y gorros para sol, de color blanco y rojo respectivamente, hacia el Palacio de Gobierno.
En buses interprovinciales llegaron hasta el Coliseo General Rumiñahui aproximadamente siete mil estudiantes de la Universidad que se dirigieron en marchando hasta la Plaza para rechazar la propuesta del ministro de Agricultura, Walter Poveda, que trata de quitar el comodato concesionado cada 50 años a la Universidad.
Este terreno, dado por el Gobierno, es utilizado por la Facultad de Ingeniería Agroindustrial para realizar investigaciones en este tema, afirma Ángel Campos, estudiante de Diseño y Publicidad. Otro de sus reclamos es que el presupuesto ofrecido por el Gobierno de 1’300 mil dólares no ha sido entregado hasta la fecha.
El sol de las 12:30 no fatigó a los estudiantes que gritaban en busca de una respuesta de la comitiva de cuatro personas, entre ellas el rector de la Universidad, Dr. Antonio Pozo, que ingresó al Palacio para reunirse con el vicepresidente, Lenin Moreno, en representación del Presidente que llegaría en las próximas horas de Irán.
Cerca de 200 oficiales, entre policías de Antimotines y miembros de la Comisión para Mantener el Orden (CMO), cautelaron la seguridad de los estudiantes y demás ciudadanos que se encontraban en el sector.
Según el Coronel Fausto Samaniego este tipo de manifestaciones son pacíficas, “este Gobierno es el que más apoyo ha tenido, puesto que la mayoría de manifestaciones son a favor del Régimen”, dijo mientras que en fila separaba a los jóvenes de la calle García Moreno que se encontraba habilitada.
Al igual que los locales de comida una hora después, los baños públicos también se encontraban agolpados de jóvenes que después, cansados por su trajín, decidían esconderse bajo las paredes de la Iglesia de la Catedral o buscaban a su vez la sombra los pequeños arbustos que son parte del ornato de la Plaza.
Entre estos jóvenes se encontraba el grupo de Johnny Benavides que jugaban 40 para “hacer tiempo” mientras se pronunciaban las autoridades al respecto de este tema.
A las 13:15, en medio de la confusión de los estudiantes que se “va cada quién por su lado”, como lo afirmó Ángeles Quintana, cada grupo se disponía a realizar un tour por la ciudad mientras a voces se corría la noticia de que el vicepresidente Moreno se reuniría con el Ministro Poveda para llegar a una resolución conveniente para ambas partes, la próxima semana.
Los estudiantes de la UTN que llegaron a la capital de forma voluntaria, según Robinson Pradera, estudiante de Comunicación, y regresaron en los buses contratados por la Universidad a las 16:00 a la ciudad de Ibarra.


Protesta motorizada

Mientras se terminaba la manifestación de la comunidad universitaria de la UTN, a las 13:30 cerca de 400 motociclistas se dirigieron por la calle García Moreno, para luego estacionarse en la Plaza Grande.
Su propósito fue protestar contra una de las propuestas del Ministro Coordinador de Seguridad Interna y Externa, Gustavo Larrea, que trata del uso de chalecos para motociclistas con el fin de reducir el sicariato y el crimen organizado.
La Asociación Ecuatoriana de Motociclistas dice estar en contra ya que con esta ley generalizan a los delincuentes y a ciudadanos que se transportan en este medio.

La gente opina:


  • Luis Enrique Carrillo trabaja 10 años en la Plaza de la Independencia tomando fotos instantáneas a nacionales y extranjeros que visitan este lugar. “Mi negocio no es para desperdiciar, yo pierdo a mi clientela cada vez que hay huelgas”, dice molesto al ver a los miles de estudiantes reunidos en la manifestación.


  • Blanca Quingatuña vende helados en el centro de la ciudad hace cinco meses, ella dijo estar beneficiada cada vez que la gente se reúne a protestar en este lugar debido a que sus ganancias aumentan ya que vende aproximadamente 80 helados más que otros días llegando a un total de 150 helados vendidos.


  • Mónica Murcia está en el país tres semanas, ella viene de Barcelona, España, “me encanta que las personas se manifiesten y luchen por sus derechos”, dijo mientras los estudiantes y motociclistas se retiraban poco a poco de la Plaza.

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